María Ortega o la voluntad de crecer sin miedo

Sobre mí / Textos
Crítica · 2015

María Ortega o la voluntad de crecer sin miedo

Antonio E. de Pedro, Historiador del Arte

María Ortega es una artista textil española que, en los últimos años, ha experimentado un continuado e interesante crecimiento como artista.

Ortega se inició primeramente como diseñadora y estilista de moda, donde aprendió el conocimiento y los materiales textiles; para luego ingresar al mundo del grabado, el diseño gráfico y la fotografía, con lo que complementaría su formación; con un especial interés por los métodos y técnicas artísticas de carácter hibrido; la experimentación de procedimientos poco ortodoxos; y la búsqueda de un lenguaje personal que nunca la alejase demasiado de sus raíces con los telares y la costura.

En esa etapa, que yo llamaría formativa, María Ortega aprende y se reinventa, una y otra vez, caracterizando su trabajo artístico por la búsqueda incesante y la insatisfacción: nada le llena; pero todo parece preocuparle y atraerle.

Esta época, se concreta una importante serie, que resume muy bien este periodo de incesante búsqueda y aprendizaje: la serie  “Black Out” del año 2006 al 2012.

Black Out, la define la propia artista, como “una reflexión sobre las dependencias humanas”. Si la metáfora de arranque fue la de un pájaro sostenido en un cable, y la fotografía fue la técnica que le permitió la inauguración de la metáfora visual, dando paso a el grabado como un vehículo de mayor expresividad, Ortega terminaría llevando sus reflexiones nuevamente a las telas: primero, a modo de trasferencias; para terminar en el placer de la visualidad textil de las organzas y las sedas.

Desde el año 2012, Ortega inicio otro proceso de experimentación; aunque en esta  oportunidad, yo lo llamaría ya de madurez expresiva. Sin abandonar el carácter innato de la experimentación en las técnicas, formatos y materiales, su discurso se ha vuelto menos complaciente, más directo y concreto.

Es en este periodo, en el que destacan sus trabajos con las telas metálicas para confeccionar partes del cuerpo humano – el femenino y el suyo en particular-, se  ofrecen al espectador objetos muy atractivos, de muy buena factura, pero de una dureza visual que los mantiene alejados del sentimentalismo.

Así, los “Besos” de Ortega son terriblemente femeninos, pero carecen de dulzura; son besos que atrapan miradas, pero que esquivan el contacto. Lo mismo podemos decir de su “Abrazos” y “Manos”,  destinados a abrazar y acariciar el aire.

En este Atlas Metálico del cuerpo humano, todo es –en cierta manera- rudo y sutil; carne sin carnosidad; y erotismo sin posesión.

Es indudable que María Ortega, a partir de estas obras, se ha vuelto una artista más compleja. Una complejidad que ha surgido del propio lenguaje de los materiales, de su uso y su manejo, que la acercan a una “estética oscura y difusa”, pero muy atractiva.

Una estética que si bien inicialmente busco la elegancia  y la sensualidad, poco a poco se ha ido alejando de su parte más complaciente, para convertirse en una constante interrogante que ya no busca la aprobación de los demás.

María Ortega es una artista que busca desesperadamente crecer. No ahogarse en ella misma. En encontrar la fibra, el toque, que la aleje del alegato y de la consigna fácil, que aún está presente en algunas de sus obras.

María Ortega quiere y debe, abandonarse al salto sin red. Perder el miedo; y definitivamente, convertirse en una de las mejores artistas textiles de nuestro país.

Sorry, the comment form is closed at this time.