La serie fotográfica Existencia es fruto de un proceso creativo que culmina en 2022 con la exposición La Flor de una Pena, presentada en la Fundación Antonio Berni de Madrid. Compuesta por ocho piezas circulares de 60 cm de diámetro —técnica mixta de tela y fotografía—, la serie establece un diálogo entre la obra de María Ortega y la del pintor argentino Antonio Berni, tomando como punto de partida el personaje de Ramona Montiel, creado por Berni en 1962.
A través de la fotografía impresa sobre tela y el contraste de blanco y negro, María Ortega reinterpreta a Ramona como una figura contemporánea y sentimental, explorando la fragmentación del cuerpo y la memoria compartida entre ambos artistas.
La crítica ha subrayado cómo, frente al protagonismo compartido de la Ramona original, la de María Ortega toma todo el encuadre para sí misma, en un ejercicio fotográfico que evoca la introspección contemporánea del autorretrato.







La Flor de una Pena, un diálogo entre María Ortega y Antonio Berni La muestra, comisariada por Elvira Rilova, se compone de varios xilocollages de Antonio Berni que establecen un diálogo con la obra de María Ortega, presentada como una extensión de la memoria del artista argentino. El pintor porteño concibió al personaje de Ramona Montiel en 1962, mientras vivía y trabajaba en París. Ramona, tal y como la imagina Berni, es una joven costurera que vive en el corazón de Buenos Aires y que, acuciada por la pobreza y seducida por los lujos y las promesas de una vida mejor, decide dedicarse al mundo del espectáculo. Inspirado por las coristas que había conocido en París, Berni la convierte en una cabaretera —eufemismo de prostituta—, acompañada de un poderoso círculo de amigos influyentes de todos los sectores de la sociedad: militares, empresarios, mafiosos, embajadores e incluso miembros del clero. Estos protectores de Ramona representan la hipocresía y los vicios de la sociedad; Berni los metamorfosea en figuras monstruosas para mostrar el carácter grotesco de estos hombres.
Las imágenes de María Ortega surgen como una epifanía de la confirmación del personaje, e imaginan a esta Ramona contemporánea y sentimental. La mirada melancólica que imprime al personaje tiene vocación casi de registro, con una actitud real de recordación de la dura realidad de la prostituta. El formato elegido para este diálogo con el artista argentino es la fotografía impresa sobre tela, que se apoya en el blanco y negro para subrayar el elemento estético, contraponiendo luz y sombra y encontrando la poesía en la fragmentación del cuerpo. En este diálogo entre pasado y presente aparece también, de forma ubicua, la figura de un Antonio Berni transfigurado, en una serie de imágenes donde María Ortega, casi invocándolo, recrea al artista porteño que parece no querer alejarse de los personajes que él mismo creó.
— Elvira Rilova