05 Ago Enhebrar el vacío
Enhebrar el vacío
De ser “algo” a “nada” hay solo un paso; físico, mental, práctico… Lo vemos en el surgir y desaparecer biológicos, pero también en la depresión o en una crisis eco-social (energética, sanitaría, etc.) La toma de conciencia se produce con los cambios importantes, los que implican un parón en el flujo cotidiano de la existencia; entonces, atisbamos la fragilidad oculta tras el disfraz de autonomía. No somos dueños de los procesos del cuerpo que consideramos “nuestro”, aunque sus acciones resultan determinantes en la evolución de los acontecimientos. Podemos intervenir, direccionar, enhebrar hilos de intención capaces de cumplir sueños. El trabajo de María Ortega evidencia, con exquisita sensibilidad, los momentos en los que, como individuos y sociedad, nos revelamos vulnerables y poderosos.
La obra Transformaciones muestra dos momentos de un capullo de flor, lleno y vacío, referentes a la experiencia vital de la artista durante y después de la gestación. Su cuerpo vuelve a ser protagonista en Autorretrato, una escultura de seda y algodón protectora de sus órganos más sentidos: los pulmones, los ovarios y el corazón; ese mismo que se encoje en soledad y florece cuando se cuida, por ejemplo, recitando un mantra, porque el corazón es mente y la mente se fortalece al centrarse, al enhebrarse. Solo así puede conseguir la calma y el silencio necesarios en la comunicación propia y ajena. El individualismo nos aísla, como los estorninos del tendido eléctrico en la serie fotográfica Blackout, pero podemos volar juntos, acompañándonos en la vastedad de un futuro incierto. ¿Quién, sino el otro, podría enhebrar ese vacío? Las obras de María Ortega invitan a conectar con el habla, la escucha, el abrazo…para tejer un espacio común donde encontrarnos.
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